Gotas de lluvia que inundan la ciudad. Oxígeno que me llega a través del humo del cigarro. Manos calientes, aroma a café, labios secos. Aquella melodía que no para de sonar y siento muy lejos. Mi mirada en tus ojos dormidos. Viento que golpea el cristal, y mi perro no deja de ladrar. Velas encendidas y ese olor a vainilla. Tacto suave, páginas viejas que se rompen como susurros, esos que hielan la piel. Silencios agradables, repetitivos, confusos, afligidos. Mar de estrellas, a veces fugaces, como los amores eternos. Versos inacabados en dedos inexpresivos. Las mejillas rosadas mi color favorito, como el verde, a mi lado. Y supongo que todo esto es lo que me hace ser.

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domingo, 14 de diciembre de 2014

La escritura como estilo de vida.

Quería salir de ahí cuanto antes, así que cuando sonó el timbre no tardé ni un minuto en recoger mis cosas y salir por la puerta de clase. No pude ni dar tres pasos cuando me cogió del brazo intentando pararme.
-¡Julio suéltame! –Dije intentando soltarme de él.
Pero fue inútil, me agarró más fuerte y me condujo hasta el cuarto de baño de chicos, cerró la puerta y se acercó a mí.
No quería mirarlo, no podía, y tampoco quería.
Se puso justo en frente de mí, mirándome con ojos de súplica. Por más que estuviera enfadada con él, todavía conseguía ponerme nerviosa sin ni siquiera tocarme.
-Por favor, solo quiero hablar contigo, solo quiero explicártelo. – Empezó a decirme como un susurro.
-¡No quiero escucharte! ¡¿Por qué no me dejas en paz?! Haz tu vida, y déjame tranquila. –Exclamé con toda mi rabia. Aunque más bien era desesperación.
-¡No hasta que me escuches! ¡Y podemos quedarnos aquí toda la tarde si no me escuchas! Yo no tengo prisa.
Suspiré, me tenía acorralada entre el lavabo y su cuerpo. Tenía ganas de llorar, pero no iba a dejar que me viera soltar una lágrima por él.
-Como entre algún profesor y nos vea…
-Eso es lo que menos me importa ahora. – Me interrumpió.
Resoplé, aunque no quisiera, lo iba a escuchar de todas formas. Así que no me quedó otro remedio.
Por un momento pude hacerme la fuerte y mirarlo a los ojos, aunque eso hizo que me rompiera por dentro. ¿Cómo podía haberme hecho esto? O mejor dicho; ¿Cómo podía haber dejado que me lo hiciera? Había jugado conmigo, creado ilusiones, por un momento pensé… Bah, no quiero ni recordarlo.
-Nadia. – Empezó a decirme. Me encanta como suena mi nombre cuando lo dice él. – Sé que… He sido un capullo pero… - Empezó a tartamudear, miraba para todos los lados como queriendo encontrar las palabras adecuadas. Pero aunque las encontrara, yo no lo iba a creer.
-Pero no es lo que te crees. – Continuó. – Todo es tan complicado… Cuando estoy contigo… Todo es…
No podía terminar ni una frase, notaba que estaba muy nervioso, sé que le cuesta trabajo expresar sus sentimientos y que lo estaba pasando mal por todo lo que había pasado.
-¿Cuándo estás conmigo o cuando estás con la otra? – Pude decir con todo mi rencor.
Aunque estaba enfadada y no quería hablar con él, si que tenía ganas de soltarle todo lo que pensaba. Es la mejor forma de desahogarse.
-Eso es lo que quiero explicarte Nadia. Pero tienes que entenderme, tienes que comprender que… No todo es culpa mía, joder, tú sabes que yo no quería ninguna relación formal después de lo de Andrea. Y eres la única que lo sabes. Cuando me dejó no quería saber nada de chicas por un tiempo. Solo quería centrarme en el baloncesto y en poder sacarme el puñetero 2º de Bachillerato. Pero apareciste tú, la chica dulce, la chica que hace que cualquier cosa, aunque sea cocinar, sea divertida, la chica que me da tranquilidad, paz. Nadia... – Hizo una breve pausa hasta continuar. – Tú eres la única chica que me ha hecho entender que para pasarlo bien no hace falta enrollarse.
Si pudiera creerle… Ojalá pudiera, pero mi corazón está destrozado.
-¿Y por eso te morreas con otra?
-Lo de Ainhoa… Yo no quería que pasara. Si te soy sincero, me gusta, pero… Estoy hecho un lio.
Ahí comprendí que parte de la culpa era mía, por esperar mucho de él, porque pensaba que iba a estar conmigo, cuando… Son tantas las cosas que me pasan por la cabeza… Mi cerebro está colapsado.
-Estás confundido. – Dije al fin con un hilo de voz.
Afirmó con la cabeza y cerró los ojos. En esos momentos lo veía tan vulnerable, a pesar de su dureza, hoy he podido abrir el caparazón que esconde a su corazón.
-Pero aún así. –Empecé a decir. -No tenías derecho a jugar conmigo. Yo tampoco me merezco esto. Lo estoy pasando muy mal por ti Julio. Sabes todo lo que siento y me he sentido una mierda al saber que todo lo que me decías a mi también se lo decías a otra. Me has mentido y… ¿Cómo sé que no lo haces ahora?
-¿Qué? No te he mentido Nadia.
-¡¿Qué no?! ¡Me has estado ocultado esto mucho tiempo! ¡Julio tú sabías lo que sentía por ti casi desde el principio y ni siquiera se te ocurrió contármelo! ¡Me he enterado porque mi amigo te ha pillado enrollándote con otra! Si no me lo hubiese contado… Hubieras seguido mintiéndome y jugando conmigo durante mucho tiempo más. – Bajé la cabeza, estaba empezando a aparecer el maldito nudo de garganta. No quería hacer pucheros.
-¡No! Te lo iba a contar tarde o temprano. Pero no sabía cómo hacerlo. No quería que te alejaras de mí. No quería perderte.
No pude contenerme más, una lágrima empezó a recorrer mi mejilla. Demasiados sentimientos en mi débil corazón.

-Mírame. – Con su mano me levantó la cabeza. – Nunca te he dicho nada que no sintiera. En eso tienes que creerme. 

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