Gotas de lluvia que inundan la ciudad. Oxígeno que me llega a través del humo del cigarro. Manos calientes, aroma a café, labios secos. Aquella melodía que no para de sonar y siento muy lejos. Mi mirada en tus ojos dormidos. Viento que golpea el cristal, y mi perro no deja de ladrar. Velas encendidas y ese olor a vainilla. Tacto suave, páginas viejas que se rompen como susurros, esos que hielan la piel. Silencios agradables, repetitivos, confusos, afligidos. Mar de estrellas, a veces fugaces, como los amores eternos. Versos inacabados en dedos inexpresivos. Las mejillas rosadas mi color favorito, como el verde, a mi lado. Y supongo que todo esto es lo que me hace ser.

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lunes, 1 de diciembre de 2014

escribiendo...


-Bueno… es… Sobre el otro día. Lo que pasó. – Estaba roja como un tomate. Mis ojos no hacían más que mirar al suelo.
-¿Qué día? ¿Te refieres a la fiesta?
-Si – Dije tímidamente.
-¿Qué pasó?
-¿No sabes que pasó?
 Puso cara de pensativo. Se cruzó de brazos, como si le costase trabajo acordarse. Espero que solo estuviese bromeando.
–Si te digo la verdad. No me acuerdo.
Puse los ojos como platos. ¡¿Enserio no se acordaba?!
-¿Cómo que no te acuerdas? ¿Me estás vacilando?
Él negó con la cabeza.
-De verdad, no me acuerdo. Ese día me pasé bebiendo y recuerdo que me levanté al día siguiente con un dolor de cabeza… Puuff…
Quería morirme de vergüenza. ¡No se acordaba de nada! ¿Para qué me había tomado la molestia de ir a hablar con él? ¡Si no significó nada! Que idiota soy…
-Emm… Mira, creo que he cometido un error por venir a hablar contigo. Así que olvídalo.
Me dirigí hasta la puerta de su casa. Pero de pronto me cogió de la mano, me giró e hizo que chocase contra su pecho. Dimos unos pasos para atrás hasta que sentí la pared en mi espalda. Otra vez acorralada por él.

-Tonta, como no me voy a acordar si es en lo único que he pensado…

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