Gotas de lluvia que inundan la ciudad. Oxígeno que me llega a través del humo del cigarro. Manos calientes, aroma a café, labios secos. Aquella melodía que no para de sonar y siento muy lejos. Mi mirada en tus ojos dormidos. Viento que golpea el cristal, y mi perro no deja de ladrar. Velas encendidas y ese olor a vainilla. Tacto suave, páginas viejas que se rompen como susurros, esos que hielan la piel. Silencios agradables, repetitivos, confusos, afligidos. Mar de estrellas, a veces fugaces, como los amores eternos. Versos inacabados en dedos inexpresivos. Las mejillas rosadas mi color favorito, como el verde, a mi lado. Y supongo que todo esto es lo que me hace ser.

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martes, 11 de diciembre de 2012

Le dije que besarla seria para mi como el fin del mundo.




A mi chica de Garwey: 

Eres un ángel por ir a ver a mis padres. 
Ya te dije que mi madre no te odiaba, bueno en fin... ya no. 
Estás en mi fuerte donde solía ir a meditar. 
Aquí es donde me quedé pensando en ti, después de vernos por primera vez. 
Al principio no me pareciste real, nunca había visto tantos colores en una chica, pero era como si siempre hubieras estado allí, tu y todos tus colores. 
¿Recuerdas lo primero que me dijiste? 
-Me he perdido. 
A mi no me pareciste estar perdida 

Y Lo de no hablar no duró, al poco tiempo ya no podía hacerte callar. Pero estabas encantadora intentando impresionarme con William Blake y tus grandes planes. 

Yo no tenía ni idea de que hablabas, pero no podía evitar que me gustara escucharte. 
En ese momento me enamoré de ti. 

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